“Si se reprime el empleo irregular hay que ofrecer alternativas”

10 03 2010

Entrevista a Alberto Recio Andreu, experto en economía laboral

Por Fabiola López Marín

El Doctor Albert Recio Andreu es profesor titular de la Facultad de Económicas en la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de numerosas investigaciones,  ha publicado una gran cantidad de ensayos y artículos en revistas especializadas. Es, además, vice-presidente 1ro de la Federación de Asociaciones de Vecinos y Vecinas de Barcelona, tras casi 30 años de incansable participación en la Asociación de Vecinos de Nou Barris.

  ¿Qué impacto tiene el empleo sumergido en la economía española?

La gente que trabaja en negro tiene salarios bajos, malas condiciones, no tiene seguridad social, pero esto a su vez es lo que ayuda al resto de sectores. Es verdad que, algunas empresas se ven más favorecidas que otras, pues, al tener menos gasto en personal también tienen mayores ganancias. Si hay empleo negro, por ejemplo, en el sector productivo del textil clandestino, y luego, la distribución comercial, de grandes marcas, acaba teniendo acceso a mercancía más barata, aumentarán sus beneficios. Por tanto, está claro que la economía nacional no sufre, y que hay distintos intereses. Los que se llevan la peor parte son los que no tienen derechos.

Con la crisis, ¿ha aumentado en España el empleo irregular?

 No se puede afirmar que este fenómeno aumente en época de crisis, porque cuando se cierran empresas, se pierden empleos regulares y en negro. Quizá en países latinoamericanos si ocurra de esa manera, pues tienen como principal salida de supervivencia la economía informal. En Europa existen mecanismos de seguridad, como la posibilidad de cobrar el paro, que atenúan un poco más la situación.

¿En cuánto se estima actualmente el empleo negro en España?

Medirlo es complicado, depende de lo que se quiera estimar. Una cosa es el empleo sin seguridad social y otra el fraude fiscal. Hay una bolsa de actividades no declaradas de diversos tipos: personas que trabajan en negro a domicilio, domesticas, paletas, cuidadores de enfermos o ancianos, canguros, etcétera; también existen los que tienen un contrato a tiempo parcial y laboran a tiempo completo cobrando una parte en negro; los que trabajan de manera intermitente, unos meses con contrato y otros en negro; quienes tienen un sobresueldo, y quienes usan los papeles de otros para trabajar. Así que, es muy difícil tener una estimación clara que globalice todo el empleo negro. Hay algunas cifras, pero considerarlas en conjunto sería como sumar peras con nabos, y posiblemente esto no sería tan importante para la economía.

Y ¿cómo ha evolucionado este fenómeno en la última década?

Creo que ha habido mucha tolerancia durante largo tiempo. Por ejemplo, la enorme dependencia que tenía la economía española del sector de la construcción le hacía temer al gobierno que si se metía muy duro con los constructores, que son claramente un espacio de dinero negro, podrían parar el crecimiento económico, como al final ha ocurrido. Por otra parte, los cambios demográficos (el hecho de que la población se hace mayor) también ha abierto más posibilidades para los servicios domésticos en negro. Está claro que, en la última década, se ha permitido la llegada de inmigrantes sin derechos, que acaban trabajando de manera irregular en: servicios domésticos, hostelería, construcción, talleres clandestinos, agricultura, construcción, etcétera. Y esto ha quedado reflejado en la regularización del 2005.

Entonces, ¿son los inmigrantes los más propensos a caer en el empleo negro?

No todos, pero los sin papeles sí, porque no tienen derechos. Y aquí se nota que el problema no es el empleo negro en sí mismo, sino el modelo económico-social que tenemos. Habría que tomar en cuenta que la recaudación fiscal es baja en comparación con la de otros países, y la distribución de la renta no es equilibrada.

¿Qué se ha hecho en España para combatirlo?

En los últimos 30 años, ha habido una demanda continua por parte de los sindicatos y de la izquierda, para que se ejerza un mayor control, pero también ha existido una enorme tolerancia fiscal  y de trabajo por parte del gobierno. No es que no se haga nada, pues sí se ha aumentado la recaudación fiscal y se hacen inspecciones de trabajo. En algo hemos avanzado, se van pescando cosas. Pero se debería comenzar a controlar desde arriba hacia abajo. Primero a las grandes empresas, y seguir con las pequeñas que están por debajo.

¿Por qué cree que  el gobierno es tan tolerante?

Si se reprime el empleo irregular hay que ofrecer alternativas. Por ejemplo, en el caso de la gente que trabaja cuidando ancianos y enfermos a domicilio, al combatirlo, habría que ofrecer más centros que presten el servicio, es decir, habría que mejorar las políticas de la seguridad social de la población,  y para pagar eso, se tendrían que cobrar más impuestos y acompañar con una redistribución más equilibrada de la renta. Ese es por ejemplo, el caso del modelo sueco. En tal sentido, en España no hay ningún partido político grande que esté dispuesto a asumir un debate serio para aumentar impuestos que permitan cubrir la demanda de servicios de la sociedad. Tampoco hay más dinero para mejorar las condiciones de vida de toda la gente que trabaja en negro. Al final, acabas no viendo lo que no puedes controlar.

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