Los prejubilados son la mayoría de los parados de 50 a 59 años

5 03 2010

Anna Comerma y Francina Anglès,  de Barcelona

La inexistencia de una categoría específica en la Seguridad Social para el colectivo de prejubilados hace difícil determinar el número de personas que configuran este segmento en España.

Una forma de aproximarnos a este dato es mirando el número de población parada que se incluye en la franja de edad comprendida entre los 50 y 59 años que registra la Encuesta de Población Activa (EPA). Se considera que, al cobrar la prestación de desempleo durante 2 años y el subsidio asistencial de los 52 años a los 60 años, todos los prejubilados se incluyen en el grupo de los parados. Pero tomando esta franja de edad como referencia dentro del grupo de parados se pierden algunas cifras. Y es que  aunque actualmente la edad mínima legal para prejubilarse se sitúa en los 52 años, esta regla no siempre se cumple. Hay quien quizás lo hace antes –Telefónica prejubiló a buena parte de su plantilla a los 48 años en 2008– así que con esa división se pueden olvidar los prejubilados más prematuros.

Según la EPA, el número de parados en el cuarto trimestre de 2009 situados entre los 50 y 59 años era del 12,1% (523 mil personas aproximadamente). Si bien antes se ha constatado que todos los prejubilados son parados, hay que tener en cuenta que dentro del grupo de los parados no todos son prejubilados. Por eso, los valores sólo sirven como guía. Aún así, incorporando la información que los técnicos de Hacienda facilitaron en febrero al diario “Expansión”, se calcula que la cifra de prejubilados asciende a 366 mil. Por tanto se deduce al final que la mayoría de parados de esta franja de edad sí son prejubilados.

Si se compara el número de parados del cuarto trimestre de 2009 con su correlativo en  2005, es posible observar que la cifra casi se triplica. Se suman 187 mil parados más. Esto refleja de qué forma la crisis ha afectado a este grupo de edad y también, por deducción, como las empresas han recurrido a la prejubilación para reducir costes.

Es interesante comparar la situación  de España, al menos, con el contexto europeo al que pertenece. Si la tasa de paro del país – incluyendo todos los grupos de edad – se sitúa alrededor del 20% y en la Eurozona esta tasa desciende a la mitad (10%), para el grupo analizado la dinámica se invierte. Según datos obtenidos en un informe de Eurostat que recogió el Instituto de Estudios Económicos (IEE) en 2008, la tasa de empleo de la población de entre 55 y 64 años superaba 0,6 punto porcentual la de la media europea.

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Lluís San José: “El sistema se debería reformar”

5 03 2010

Anna Comerma y Francina Anglès, de Barcelona

Las empresas deberían hacerse cargo por completo de los costes de las prejubilaciones, afirma Lluís San José, profesor de Derecho del Trabajo de la Universidad Ramón Llull. Hoy, los gastos son parcialmente cubiertos por la Seguridad Social y contribuyen para presionar el sistema. “Las prejubilaciones sólo se deberían admitir cuando no perjudicaran ni a la economía social ni al talento”, afirma.

¿Qué es exactamente la prejubilación?

Tú estás en una empresa. Para reducir costos les interesa sacar fuera a una parte de la plantilla. ¿Cómo lo hacen? A través de un ERE. Este ERE regula el despido de empleados de entre 52 y 58 años. La indemnización la cobrará seguramente de manera dosificada durante un periodo de tiempo hasta alcanzar los 61 años (jubilación anticipada) o los 65 (jubilación ordinaria). El trabajador también obtiene dos años de paro. Además existe un convenio especial con la Seguridad Social mediante el cual la empresa se hace cargo de la cotización del empleado para que éste no pierda su pensión cuando se jubile definitivamente. Es un paquete completo.

Es decir, la empresa se hace cargo de los ingresos del despedido hasta que llegue a la edad de jubilación.

No totalmente. Una parte de estos ingresos proceden del subsidio asistencial que paga el Estado a los trabajadores desde los 52 hasta los 60 años. Suma esto a dos años de prestación por desempleo y a la forzada jubilación anticipada que esta sí que muchas veces ya va a cargo completo de la Seguridad Social.

Entonces, ¿se acabará rompiendo el saco de la Seguridad Social?

Está claro que el sistema de la Seguridad Social ya no se puede sostener por mucho más tiempo. Tuvimos un superávit muy fuerte, pero ahora con la crisis la bolsa de la SS ya no crece. Al revés, se está vaciando porque hay 4 millones de bocas que alimentar. Además, en España más que en otros países, tenemos un radical problema con el envejecimiento de la población ya que la esperanza de vida es de las más altas del planeta. Todo el alboroto de estos últimos días con lo de retrasar la jubilación a los 67 años viene de aquí.

¿Está usted de acuerdo con esta medida? Porque parece que no tenga mucho sentido alargar la vida laboral si hay muchos a quien se les permite reducirla…

El tema de las prejubilaciones se debería reformar. Las empresas tendrían que hacerse cargo por completo de este tipo de despidos pactados y evitar el coste del paro y el subsidio por parte de la SS. Y seguir manteniendo las cotizaciones hasta los 65 años, o hasta los 67 con la nueva ley, que lo que hace también es prolongar dos años más las cotizaciones y atrasar otros dos el cobro de las pensiones.

¿Pero qué pasa con las generaciones más jóvenes? Si prorrogan la jubilación, aún lo tendrán más difícil para incorporarse.

Es que se necesitan más medidas para reflotar la economía del país. Se tiene que ayudar a las empresas para que puedan contratar a más gente. En este momento no cuentan con bonificaciones reales para que puedan aumentar la plantilla. Además, se debe negociar una forma de contrato medio entre los dos extremos que tenemos ahora. Ni los indefinidos que cuestan mucho dinero a las empresas ni contratos fugaces de 6 meses que no consiguen retener el personal.

¿Y las personas prejubiladas? Aunque la empresa costease al completo su despido, ¿la sociedad se puede permitir el coste de valor que significa perder a personas experimentadas a tan temprana edad?

La mitad de los prejubilados vuelven al mercado laboral, en el sector en donde ya trabajaban o en otro. Además, muchos optan por crear su propia empresa, aprovechando su experiencia de muchos años, lo que es beneficioso para la economía del país. La otra mitad, si no lo hace, es porque no quiere. Porque dedica su tiempo a otras actividades no remuneradas o a la familia. Además, debemos tener en cuenta que hay mucha gente a quien se prejubila porque su cargo ya ha perdido todo sentido dentro de la empresa. Las nuevas tecnologías han dibujado una nueva realidad a la que muchas empresas no se han adaptado aún.

Pero, ¿y las personas que sí que son  de valor? Porque en la mayoría de EREs de prejubilación, el único parámetro que se tiene en cuenta es la edad…

Cuando la empresa necesita reducir gastos urgentemente, poco puede hacer. Pero cuando lo que quiere es renovar su plantilla y sustituir a los veteranos por jóvenes con recursos más actuales, yo propondría un volcado de conocimientos a través de un contrato de relevo. Es decir, mantener al veterano dos meses al año hasta durante cierto periodo, por ejemplo, para que pueda trabajar simultáneamente con el nuevo empleado y así poder traspasarle todos su conocimiento y experiencia.  Sólo se podrían concebir este tipo de proyectos en empresas con beneficios. Las prejubilaciones sólo se deberían admitir cuando no perjudicaran ni a la economía social ni al talento.





Análisis: El paro con anestesia

5 03 2010

Por Carlos Toda

A pesar de lo mucho que se ha dicho últimamente de las prejubilaciones, estas no son un fenómeno nuevo en España. Ni mucho menos. El instrumento sirvió en las grandes reconversiones industriales de sectores enteros que tuvieron lugar decenios atrás y que se ha recuperado por la facilidad de su aplicación. Su crecimiento – agudizado por la crisis – ha sido imparable: se calcula que actualmente alrededor de 366 mil personas de entre 50 y 61 años han pactado con su empresa el abandono del puesto de trabajo manteniendo la mayor parte de su sueldo.

Estos planes de prejubilación responden a un objetivo empresarial: el de reducir los costes a través de una disminución de plantilla, aunque también es común hacerlo para eliminar un excedente de personal en la empresa. La prejubilación se convierte así en la herramienta idónea para los empresarios que quieren contratar empleados más baratos y con mayor movilidad y a la vez reducir los costes salariales de la plantilla a medio plazo.

Cuando un trabajador se acoge a la prejubilación percibe del INEM dos años de la prestación por desempleo, durante los cuales la empresa les complementa lo percibido hasta el porcentaje que mantienen del salario de acuerdo con el plan. El porcentaje acordado puede alcanzar hasta el 90% del salario del trabajador, aunque normalmente se encuentra en una horquilla que va del 60% al 90%. Estas cifras, junto al hecho de que la empresa continúa pagando la cuota del trabajador a la Seguridad Social, convierten la prejubilación en algo atractivo y que no supone un descalabro económico para quien deja de trabajar.

Sin embargo, a pesar de que la empresa no puede obligar al trabajador a aceptar un plan de prejubilación, sí puede crear un clima que incite a asentirlo para evitar un posible despido que, ineludiblemente, conllevará aparejadas unas condiciones económicas – indemnizaciones – menos atractivas. Así, lo que en un principio sería un acto voluntario en puridad, deja de serlo para convertirse en un acto voluntario sin voluntariedad, condicionado.

No sólo eso, sino que la amenaza velada del despido puede afectar a la motivación y las aspiraciones de los trabajadores de entre 45 y 50 años que aún permanecen en la empresa, y generar una gran tensión entre las distintas generaciones que conforman la plantilla. Los de más edad pueden llegar a sentirse inseguros y minusvalorados, porque toda prejubilación implica la aceptación por la empresa de una pérdida de capital intelectual y de experiencia; por su parte, los jóvenes, que se saben más baratos y flexibles, pueden terminar viendo a los veteranos como anquilosados supervivientes del último proceso de prejubilación, como dinosaurios que se aferran a su puesto dificultando el ascenso de las nuevas generaciones y lastrando a la empresa por sus elevados salarios.