Destino final: ERE

10 03 2010

Por Francesca Crispino y Juliana Gómez.

Son las tres de la tarde fuera de la Hayes Lemmerz de Manresa y el frío se siente hasta en los huesos. Juan lanza el último de sus 12 huevos hacia la fábrica y, al ver cómo la clara se desliza y cae lentamente por una de sus paredes, no puede evitar sentir que su vida es parte de esa sustancia babosa que, de forma lenta pero constante, se aproxima al suelo. Lleva peleando y protestando semanas. Juan sabe que esto aún no ha acabado. Se lo demuestran sus compañeros, todos cargando bolsas de huevos, todos listos para lanzarlos, todos preparados para recordarle a Juan y a los Mossos d´Esquadra que ya se acercan, que en esta lucha él no está solo.

“No tiramos huevos para molestar a nuestros compañeros de Manresa. Sólo queremos la atención de la dirección, defender nuestro trabajo. Tenemos la obligación de luchar, o si no lo perderemos todo”.

Juan Zamora llegó a la Hayes Lemmerz de Sant Joan Despí (Barcelona) hace 11 años, buscando una nueva oportunidad en el oficio de la manufacturación de llantas para coches. El mundo laboral nunca ha sido un terreno amistoso y Juan lo sabe. El apuro económico y su edad, 45 años, tan solo empeoran la situación. En el pasado, otra crisis había hecho que perdiera su antiguo trabajo: la que afectó al área de la construcción en Barcelona en el 93. Ahí, frente a la pared llena de huevos y rodeado por los Mossos, tiene claro que se encuentra frente a un problema aún peor. Él, junto con otras 140 personas, está a punto de perder su puesto de trabajo porque la HL tiene previsto cerrar la sede de Sant Joan a finales de marzo.

Juan asegura que no es el único en estas condiciones. Según Sernauto, la patronal del sector, sólo en Catalunya la industria auxiliar del automóvil ha despedido a 4.500 personas en el último año. El sector ha pasado de la quinta marcha a la segunda y con él la vida de muchos trabajadores se está derrumbando.

“Hemos llegado a tener 5 expedientes de cierre o de reestructuraciones internas semanales. Antes podíamos llegar a tener 12 al año como mucho”, explica Jordi Carmona, portavoz de la Federación del Metal de UGT.

Entre esos expedientes de cierre se encuentra el de Hayes Lemmerz Barcelona. La fábrica fue construida en 1985 y produce llantas de acero para Nissan, Ford, Renault, Seat y Toyota. Hoy su plantilla está compuesta por hombres que tienen la mirada desilusionada de los que ya no luchan por conservar un trabajo, sino por obtener un despido digno. Es el caso de Juan Chica, quien dedicó 22 de sus 47 años a trabajar en esta empresa.

“Es mi faena desde que abrieron. Llega un punto en el que esta gente se convierte en tu segunda familia. Veintidós años son toda una vida”.

Según los trabajadores, la decisión de cerrar la sede de Barcelona “es política e innecesaria. Hacen lo que les sale más a cuenta. Son como máquinas y, para ellos, nosotros somos sólo números. Cierran la de Barcelona porque les es más conveniente. No les importa la gente que trabaja aquí: sólo responden al dinero”, denuncia Chica. Por su parte, la sede en Manresa seguirá abierta porque produce llantas de aluminio. Éstas tienen un coste de producción más barato, comparado con las de acero que se producen en Sant Joan Despí.

El director general de la Unión Patronal Metalúrgica (UPM), Ángel Hermosilla, explica que los estándares de la industria catalana son muy altos, y en consecuencia también los costes. Por esto la multinacional ha decidido cerrar su sede en el Baix Llobregat y no las que sigue teniendo en Turquía o en la República Checa. En un caso como éste, si la central de la empresa ha optado ya por el cierre, el gobierno local no puede hacer nada excepto reducir los efectos negativos de esta elección, sobre todo en un sector que ha quedado tan afectado como el de los auxiliares.

Es por esto que, tanto patronales como sindicatos, coinciden con la idea de que la formación da mejores posibilidades a los trabajadores en paro. Por eso, la administración ha invertido 1,7 millones de euros en cursos de aprendizaje dirigidos a los obreros afectados por los EREs (Expediente de regulación de empleo). Ello puede atenuar la situación, sin embargo el problema sigue adoptando magnitudes  importantes. Así lo afirma Carmona, de UGT: “El foco de atención está siempre sobre las grandes compañías, como Nissan o Seat, pero eso lleva detrás muchas pequeñas empresas que también tienen un valor añadido para el país y se están perdiendo”.

En el caso de HL, ya son dos meses que el Estado hace el papel de árbitro: hay un juego de fuerzas en el que los protagonistas son la empresa y los trabajadores. Juan cuenta que el comité de los obreros lleva semanas reuniéndose con la dirección de la compañía y con la administración, manifestándose y buscando la atención de los medios. El fin es sensibilizar al gobierno sobre su situación y recordar su presencia a la gerencia. El “premio” en esta lucha es la liquidación (según el resultado puede variar casi la mitad), aunque el destino final será siempre la calle.

Juan lo tiene en mente cada vez que se levanta para ir a protestar y hoy no es la excepción. Después de cinco horas manifestándose en Manresa, agotado, se encamina hacia su coche. En el  trayecto hacia casa, donde lo espera su familia, no puede evitar sentirse algo desanimado. Sin embargo, sabe que mañana volverá a estar cargado de fuerzas: es consciente de que tiene que defender sus derechos y sus garantías. “En mi casa crecí rodeado por la cultura obrera: mi padre también trabajó en una fábrica. Si hoy tengo unas facilidades es porque él luchó por ellas. Hoy estoy luchando para no perderlas”.

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