A pie de calle: ¿Ha trabajado en negro?

11 03 2010
Anuncios




La salvación no es el negro

10 03 2010

Por Josep Rubio y Jerónimo Giorgi

Así como a partir de los síntomas se descubren las enfermedades, en la economía informal, y particularmente en el empleo irregular en España, no siempre las estadísticas garantizan una atinada lectura del panorama. El gobierno español y Bruselas estiman que, ante la destrucción de puestos de trabajo que ha acarreado la crisis, ha aumentado el empleo irregular. Otras voces, de sindicatos y expertos, opinan que en España la crisis ha fagocitado por igual la ocupación regular y la sumergida.

Una aproximación sobre el número de trabajadores irregulares en España se obtiene restando el número de ocupados de la Encuesta de Población Activa (EPA) al número de afiliados de la Seguridad Social. Según este cálculo, durante el 2008, casi un millón de personas dejarían de estar afiliadas a la Seguridad Social, y la cifra de empleados en negro aumentaría en un 20% respecto al 2007. Esto quiere decir que más de un cuarto de millón de trabajadores pasaría a trabajar sin contrato.

Sin embargo, si se reproduce el cálculo en 2009, no se repite la fórmula que asocia la caída del empleo regular con el incremento del trabajo en negro. Durante este año, otras 700.000 personas se dieron de baja en la Seguridad Social y el empleo en negro, lejos de servir de flotador económico, caería estrepitosamente en un 35%, dejando sin trabajo –aunque precario, sin duda trabajo- a más de medio millón de personas (ver gráfico).

Con los datos observados, la crisis resta trabajadores regulares y los suma al mercado negro, que a corto plazo, logra mantener a flote a muchas familias. Sin embargo, cuando la crisis se alarga, los trabajadores en negro también caen en la espiral de desocupación, si cabe, más virulenta que la de la economía regular.

En proporción, el golpe ha sido mucho más duro para los trabajadores en negro: uno de cada tres ha perdido su puesto. El trabajo sumergido no está cumpliendo la promesa de servir de muleta a los más necesitados. A ello se le suman los problemas de siempre del trabajo en negro: desprotección del trabajador, competencia desleal y fraude a las arcas públicas, en un momento en que para el Estado, todos los recursos son pocos para enfrentar la crisis.

De alargarse la crisis, podría seguir el declive del trabajo sumergido, y más teniendo en cuenta que España ya no es un destino atractivo para los inmigrantes irregulares que alimentan buena parte de la economía informal. En un hipotético contexto de recuperación económica, algunos empresarios poco preparados para afrontar las obligaciones de la legalidad podrían ver viable invertir en trabajo irregular, lo que a su vez podría reactivar los flujos de inmigración y reproducir los problemas endémicos de la economía informal.

Para ese momento, conviene ser conscientes de los problemas de estructura económica y social que definió, hace un siglo, Max Weber. Según el prusiano, las sociedades del norte de Europa están constituidas por protestantes apegados al trabajo y acostumbrados a la cooperación. De esta manera se han generado estructuras políticas de consenso social, donde el Estado garantiza el bienestar. Estos países presentan sociedades más igualitarias, con impuestos altos y basadas en una cultura que respeta y asume las normas.

Por su parte, y siempre según Weber, el sur tiene una concepción cortoplacista e individualista. Los individuos meridionales buscan enriquecerse de la noche a la mañana. Componen sociedades menos dispuestas a cumplir con las normas, con estados más débiles y menos impuestos. El concepto de estado benefactor se suaviza y está socialmente menos mal visto defraudar al fisco.

Para cuando la crisis amaine, las sociedades de países del sur deberán aplicarse en aprender de sus socios del norte. Y no sólo sus gobernantes, también sus contables, sus electricistas, sus mujeres de hacer faenas. Para que cuando la próxima tormenta aparezca, exista un estado capaz de capearla, sin esperar que la salvación surja de los sobres negros.





Uno de cada cuatro euros en Cataluña proviene de la economía informal

10 03 2010

Por Jerónimo Giorgi

Según el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) la economía sumergida asciende al 22,3% del PIB. Este informe estima que las transacciones no declaradas suman en Cataluña 43.530 millones de euros.

Este colectivo ha presentado un informe en el que recomienda medidas para el nuevo Plan Antifraude que prepara el Gobierno. Según el sindicato, si se aplicasen estas medidas en la demarcación de Barcelona, se reduciría el fraude en un 10%, lo que aumentaría en 5.300 millones la recaudación. Estos datos situarían el PIB informal de la capital catalana a niveles europeos

 

Al nivel de las comunidades autónomas, las regiones que registraron menor porcentaje de economía sumergida fueron Extremadura y las Islas Baleares, con una tasa del 19,2%; mientras La Rioja presentó el mayor porcentaje, con el 31,4%. Cataluña se encuentra entre las comunidades con menos economía sumergida. A nivel provincial, Tarragona presenta el mayor fraude fiscal con el 29%, mientras Lleida, con un 13,8%, fue la que registró menos fraude.

El informe de GESTHA propone incorporar medidas que deberían ser incluidas en el Plan de Lucha del Gobierno, como la creación de un Cuerpo Superior Técnico de Hacienda que permitiría aumentar considerablemente las actuaciones de control tributario. El sindicato estima que, aplicando su plan contra el fraude, la Agencia Tributaria podría reducir la economía sumergida en España sustancialmente, aumentando en unos 38.500 millones de euros la recaudación del Estado.

Economía sumergida en Cataluña por provincias en 2009

Provincia Tasa estimada de econ. sumergida (%) PIB sumergido  (en millones de euros)
Barcelona 22,1 32.104
Girona 13,8 2.617
Lleida 26,7 3.013
Tarragona 29 5.794
Total 22,3 43.530